Y dijo la libélula...
domingo, 19 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Enamorados - Rebecca Dautremer
Erase una vez Ernesto, un niño al que le gustaba mucho (fastidiar a) una niña. A Salomé
Erase Salomé, la niña que fue a contar a su mamá todo lo que Ernesto le había hecho. Todo: Le había tirado del pelo. Le había quitado el sombrero. Le había arrancado las gafas, a propósito.
Entonces su mama le dijo que sin duda Ernesto era un poco bruto y que seguramente lo que le pasaba era que quería jugar con ella, pero que no sabía cómo decírselo. Y la mama le dijo también que Ernesto, sin duda, estaba enamorado de Salomé.
En el recreo Candela dijo: ¡Enamorado de Salomé! Y ¿Qué es estar enamorado?
Salomé tampoco sabía lo que era aquella cosa morada.
Guillermo lo que sabía era que se cae, se cae rendido de amor.
Salome se había caído muchas veces de la bicicleta, ¡pero de amor, nunca!
- ¡Los enamorados son cosas de los cuentos! - dijo Mateo.
- ¡Ah, sí!
- Con príncipes y princesas.
- ¿Con vestidos muy bonitos?
- ¿y con espada?
- ¿Y reyes?
- ¿Y reinas?
- ¡Y dragones!
- Entonces, ¿los enamorados son de mentira? - pregunto Salomé
Nicolás creía que cuando alguien está enamorado se pone triste, le da como vergüenza y se le pone la cara roja.
- ¡Es estar hipnotizado! - dijo Lucas.
Salome comprendió, entonces, que estar enamorado es volverse un poco loco.
La pequeña Micaela, había oído algo de un rayo que te atraviesa.
- ¡Es de fuego!
- ¿Y quema?
- ¡Es un relámpago!
- ¡Es una tormenta!
- ¿Entonces llueve? - pregunto Lorena.
Y Salome llego a la conclusión de que ¡hay que llevar paraguas para estar enamorado!
Pero Tomas dijo que estar enamorado es una cosa del corazón
- ¿quieres decir que te duele el corazón?
- ¿y te da fiebre también?
- ¿Y no puedes hablar?
- ¿Entonces te pones enfermo?
- ¡Qué cansado debe ser estar enamorado! - suspiró Salomé
- ¡Hay que ser dos para estar enamorado! - aseguró Lucas
- ¿Y uno solo no puede?
- ¿Y tres?
- ¿Y cuatro?
- ¡Ah, ahhh, todos enamorados!
- Pero en fin, ¿cuántos tienen que ser? - pregunto Salomé
Ana sabia que estar enamorado era para casarse, sin duda.
- Es para los señores
- ¡Y las señoras!
- ¡Es para los papas y las mama!
- Entonces, ¡hay que ser mayor para estar enamorado! - pensó Salomé
- ¡Puf! Estar enamorado, eso no pasa nunca - suspiró Leonardo.
- ¡Si que pasa!, cada día
- ¡Es para siempre!
- ¿y para cinco minutos, no?
- ¡No!, ¡es para toda la vida!
- ¡Oh!, pero eso es demasiado tiempo, ¿no? - dijo Salomé
- ¡Estar enamorado es algo muy importante! - decretó Manuela.
- ¡Es para la profesora!
- ¡Es para tu mejor amiga!
- ¿Entonces, es solo para las chicas?
- ¡Claro que no!
- ¡No!, ¡es solo para los chicos! - gritó Salomé
Serena soltó una risita, porque los enamorados ¡se dan besos!
- ¡Y se dan la mano!
- ¡Estar enamorados es para hacer bebes!
- ¡Uhh, uhhh!
- ¿Por casualidad no habrá que ir desnudo para estar enamorado? - sugirió Salomé
- ¡Enamorados, es como estar en un sueño! - dijo Jacobo
- ¡Es como flotar en el cielo! - añadió Mauricio
- Con flores
- ¡Y tener alas!
Y salome concluyó que para estar enamorado hay que ser un ángel.
Entonces llego Ernesto (el enamorado) para traquetear, una vez más a Salomé, y tirarle la cartera y pisarle el abrigo, a propósito.
¡y nadie dijo una palabra!
Y Salomé pensó ¡que sus amigos tendrían explicarle a Ernesto, urgentemente, lo que significa estar enamorado.
jueves, 9 de septiembre de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
Nada - Carmen Laforet

Así, el sueño iba llegando en oleadas cada vez más perezosas hasta el hondo y completo olvido de mi cuerpo y de mi alma. Sobre mí el calor lanzaba su aliento, irritante como jugo de ortigas, hasta que oprimida, como en una pesadilla, volvía a despertarme otra vez.
Silencio absoluto. En la calle, de cuando en cuando, los pasos del vigilante. Mucho más arriba de los balcones, de los tejados y las azoteas, el brillo de los astros.
La inquietud me hacía saltar de la cama, pues esos luminosos hilos impalpables que vienen del mundo sideral obraban en mí con fuerzas imposibles de precisar, pero reales.
Me acuerdo de una noche que había luna. Yo tenía excitados los nervios después de un día demasiado movido. Al levantarme de la cama vi que en el espejo de Angustias estaba toda mi habitación llena de un color de seda gris, y allí mismo, una larga sombra blanca. Me acerqué y el espectro se acerco conmigo. Al fin alcancé a ver mi propia cara desdibujada sobre el camison de hilo antiguo - suave por el roce del tiempo - cargado de pesados encajes, que muchos años atras había usado mi madre. Era una rareza estarme contemplando así, casi sin verme, con los ojos abiertos. Levanté al mano para tocarme las facciones, que parecían escapárseme, y allí surgieron unos dedos largos, más pálidos que el rostro, siguiendo la línea de las cejas, la nariz, las mejillas conformadas según la estructura de los huesos. De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras de las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo

