
“Es posible que a la mayoría de los que viven y son aceptados por la realidad les parezcamos personas débiles, pero es precisamente nuestra singularidad la que nos hace fuertes y resistentes. Quienes viven aferrados a la realidad suelen tener atrofiada la capacidad de soñar, creen que el sueño es un mero trámite que ocupa el período de tiempo que une un día con otro, como eslabones de una misma cadena de modo que cuando la realidad les da la espalda o les juega una mala pasada, caen en la desesperación. Incluso cuando sueñan lo hacen poniendo limites a sus sueños. Nosotros, en cambio, sabemos que los sueños pueden suplir cualquier realidad, que pueden llegar a ser más importantes que la realidad misma ya que no tienen límites”