Y dijo la libélula...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Frase (5)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Nada - Carmen Laforet


Así, el sueño iba llegando en oleadas cada vez más perezosas hasta el hondo y completo olvido de mi cuerpo y de mi alma. Sobre mí el calor lanzaba su aliento, irritante como jugo de ortigas, hasta que oprimida, como en una pesadilla, volvía a despertarme otra vez.
Silencio absoluto. En la calle, de cuando en cuando, los pasos del vigilante. Mucho más arriba de los balcones, de los tejados y las azoteas, el brillo de los astros.
La inquietud me hacía saltar de la cama, pues esos luminosos hilos impalpables que vienen del mundo sideral obraban en mí con fuerzas imposibles de precisar, pero reales.
Me acuerdo de una noche que había luna. Yo tenía excitados los nervios después de un día demasiado movido. Al levantarme de la cama vi que en el espejo de Angustias estaba toda mi habitación llena de un color de seda gris, y allí mismo, una larga sombra blanca. Me acerqué y el espectro se acerco conmigo. Al fin alcancé a ver mi propia cara desdibujada sobre el camison de hilo antiguo - suave por el roce del tiempo - cargado de pesados encajes, que muchos años atras había usado mi madre. Era una rareza estarme contemplando así, casi sin verme, con los ojos abiertos. Levanté al mano para tocarme las facciones, que parecían escapárseme, y allí surgieron unos dedos largos, más pálidos que el rostro, siguiendo la línea de las cejas, la nariz, las mejillas conformadas según la estructura de los huesos. De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras de las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo

lunes, 9 de agosto de 2010

Libelula´s Film Present...



EL HIJO DE LA NOVIA

jueves, 29 de julio de 2010

El viaje al amor. Las nuevas claves científicas - Eduardo Punset


Los efectos del paso del timepo eran imprevisibles hasta que la biología molecular ha permitido a los neurocientíficos penetrar en algunos de sus secretos. Se sabía que el paso del tiempo mata el dolor. A los seis meses de un gran contratiempo personal, la mente lo ha digerido y la vida que parecía inconcebible tras la desgracia empieza a perfilarse de nuevo y renace la esperanza. Sabiamos también, que cuando no ha ocurrido nada sino todo lo contrario, es decir, cuando al final del camino se está convencido de que se experimentará una emoción positiva, el mayor error que puede cometerse es desperdiciar la felicidad que rezuma todo el proceso de búsqueda. La felicidad está en al sala de espera de la felicidad.

Lo que se ignoraba es que la ausencia física durante mucho tiempo mata el amor. El amor romántico parece eterno o no es amor. "Te querre siempre" se dicen los enamorados Pero las investigaciones moleculares del científico Edgar Douglas Adrian realizadas hace más de treinta años, apuntan en dirección contraria. Ahora sabemos que tenía razón

domingo, 25 de julio de 2010

Atención, estación en curva... - Patricia Sánchez

Atención, estación en curva...

A veces se lleva un libro para disimular, hace que lo lee, pero únicamente para no incomodar.

Prefiere observar, preguntarse e imaginarse hacia dónde se dirige el caballero del paraguas o para quién se maquilla la señora del jersey rojo.
Sabe que no es el único que usa el metro y sus ocupantes como musa, pero no le preocupa, hace tiempo que el fin dejo paso al cómo y se deleita en esas mañanas bajo tierra que le proporcionaran el siguiente relato.
Evita las horas punta, repletas de bostezos y pocas ganas, a no ser que tenga que entregar un artículo cuanto antes para poder pagar la factura de la luz. Pero cuando la situación económica se lo permite, prefiere trayectos menos frecuentados, horas menos comunes, protagonistas de viajes ocasionales, que no se saben la línea de memoria ni son capaces de dormir hasta su estación y despertarse segundos antes de que el vagón abra sus puertas.
Disfruta con esos pequeños descubrimientos, como el pequeño que sube por primera vez en metro de la mano de su padre, o la quinceañera que, nerviosa por hacer pellas, se abraza a su carpeta mientras juega con un pequeño papel lleno de dobleces. Reconoce perfectamente al que tiene que coger el metro porque se le estropeó el coche y al joven que, habiendo sitios libres, se sienta en el suelo, como acto de rebeldía y distinción.
En su cuaderno, hojas y hojas con descripciones sobre el ocupante del día, teorías sobre lo que hacía en el metro, hacia dónde se dirigía... inventa finales felices, encuentros inolvidables o destinos dramáticos, regala una vida probablemente distinta a quien de forma inconsciente le presta la suya.

Busca historias, mientras se crea una propia.